domingo, 31 de enero de 2010

PJ Harvey - White Chalk (2007)



Para quienes conocíamos el brillante trabajo de esta genial cantautora británica desde sus inicios (mediando desde el grunge imperante a principios de los noventa hasta la mezcla de electronica con punk y blues), este álbum nos ha tomado por sorpresa.

Empecemos por la portada, una vez más a cargo de la fotógrafa polaca Maria Mochnacz (amiga y fiel colaboradora de la parte visual en los trabajos de PJ). Sombría y a la vez cálida, te dá la sensación de que se tratáse de un remanso seguro en una zona de peligro, cómo si esa delicada línea entre la vida y la muerte pareciera desvanecerse. La expresión estóica y la vez tán languida en el rostro de Polly Jean, con un vestido color hueso del estilo victoriano, contribuye a destacar la tenebrosa escena planteada.

Con el álbum sucede exactamente lo mismo. Te puedes ir olvidando por completo de la chica punk de axilas sin rasurar, ólvidate también de la autora de himnos tan misándricos y rabiosos como Man-Size, Rid Of Me o 50ft Queenie y ólvidate también de su chirriante guitarra, que aquí no verás nada de eso por ningún lado. Abre de manera rotunda con The Devil, una frágil y acompasada melodía que versa sobre una obsesión por quién no está a nuestro lado ya, un obscuro sentimiento idealizado en la forma de un demonio que carcome las entrañas de quien se siente solo y abandonado.

Canciones como Dear Darkness (Con Will Oldham en coros), esa obscura crónica de aborto que es When Under Ether, Grow Grow Grow y Silence todas ellas en el mismo "mood" y siguiendo en particular con la línea mélodica dominada por el piano y comprendiendo que, muy a pesar de que (como ella misma reconoce) no es un instrumento que maneje a la perfección, la Harvey logra sacar adelante todos los temas en los cuales lo utiliza. Más sin embargo me muero por hablar de los puntos fuertes del disco (obvio, no desmereciendo en lo absoluto los demás cortes).

¿Qué hay que decir de The Piano que la misma canción no te diga? Con una letra espeluznante y brutalmente gráfica (Golpeala con un martillo/dientes aplastados/retorciendo la roja lengua/mirando dentro del esqueleto... /Oh, dios como te extraño!) y una melodía en la que (irónicamente) el piano no juega el papel principal, sino que se lo cede a la propia PJ, que canta en un crescendo vocal y emocional inaudito sobre una crónica de un brutal asesinato.

Broken Harp, es, a mi gusto, una maravilla. Una discretísima pieza que comienza a capella, para posteriormente darle entrada (ahora sí, de acuerdo al nombre) a una enigmática arpa. Un sombrío y misterioso tema que, siguiendo con la temática entera del disco, habla de un suicidio bastante doloroso (eso si pusieramos a trabajar un poco la empatía por los desafortunados personajes de la canción) y su repercusión en la persona que ama. Espectacular, al igual que To Talk To You una sentida pieza que habla sobre su abuela fallecida y su deseo de escucharla de nuevo. El piano que musicaliza la pieza pareciera ser, de hecho, ejecutado por algún fantasma.

El disco culmina de manera espectacular y desoladora (con su inquietante aullido al final) con The Mountain:

Por la montaña/No siento nada/Por lo que en mi corazón/Todo árbol esta roto/El primer árbol no florecerá/El segundo no crecerá/El tercero ya casi ha muerto/Desde que me traicionaste de esa manera, desde que tú...

Tratar de etiquetar un álbum así es una tarea díficil. No es en efecto facilmente digerible y dudo que pueda contener algún hit comercial, pero hay que darse cuenta de una cosa: PJ Harvey ha arriesgado su camino una vez más, tomando un sendero obscuro y espinoso. Ha renunciado a su papel de resentida y vengativa arpía, para mostrar esa faceta sumisa y desolada de si misma en canciones de cruda confección. La vida es muerte al final y dolor es olvido. Dolorosa es la vida, amargo el amor.
















sábado, 30 de enero de 2010

Danielle Dax - Jesus Egg That Wept (1984)


Debo reconocer que el internet es una verdadera maravilla. Es todo un mundo de conocimiento y saber al alcance de la mano, un verdadero tumbaburros y una fuente imprescindible de información. Entre esas maravillas por conocer está precisamente Danielle Dax.

Debo admitir que no conocía en lo absoluto a esta genial y excéntrica cantante, compositora, productora, multi-instrumentista y actriz británica, quien a pesar de tener un estilo muy personal (suele compararsele con Kate Bush, pero las comparaciones además de obvias resultan cortas en criterio) y algunas de las composiciones más insólitas en oídos de quien escribe, nunca tuvo éxito comercial, ni reconocimiento de la crítica masiva y tan solo es considerada en esos discretos pero fieles grupos "de culto".

Jesus Egg That Wept (1984) además de su extravagante título, es un digno testimonio de su brillante talento para componer piezas de texturas desquiciantes, disonantes e hipnóticas.
Con tan sólo seis cortes, este album brilla en composiciones tan intrigantes como "Evil Honky Stomp" (mi favorita del albúm) con esa repetición de cinta análoga muy al estilo de las composiciones de los años treinta, "Hammerheads" y sus sincopadas percusiones tribales y "The Spoil Factor" una enigmática y bizarra melodía, con un austerisímo fondo musical (consiste solo en el sonido de cintas en reversa y un teclado) sobre el cual flota la voz de Danielle.

Se trata de un reto para verdaderos melómanos, pues su música es para paladearse detenidamente, ya que no es en lo absoluto un disco digerible, ni mucho menos comercial. Escuchar esta grabación significa dejar las etiquetas fuera, pues aunque se clasifica como avant garde o alternativa, la música de este album evita caer en cualquier tipo de etiqueta.

En pocas palabras: Un album que debe re-descubrirse como el tesoro que es por su arriesgada propuesta musical y la valentía de su autora por explorar caminos diferentes y audaces, a pesar de la mediocridad sónica tan dominante, con esa obsesión por el sonido "de moda" que se vivía en su época (y se vive aún ahora...).

Danielle siguió haciendo discos (muy buenos, por cierto, y de los cuales hablaré con su debido espacio en otra ocasión), haciendo en ellos, literalmente, lo que le venía en gana y creando una base de fans muy discreta en populación, pero profunda en admiración y respeto.
La industria musical, en cambio, no fue tan benévola. Al firmar con Sire Records, nunca obtuvo ni la promoción adecuada ni el apoyo que se esperaría de una major label. Para colmo, la mayoría de sus albumes están hoy por hoy, fuera de circulación, por lo cual encontrarlos nuevos/en perfecto estado, es casi imposible.

Pero ahí esta el internet, para acercarnos a propuestas como esta, para hacernos saber sobre la buena música que alguna vez se hizo y se condenó a desaparecer, pero que ahora resurge con nuevos bríos para una generación que no se conforma con lo que escucha solo en la radio. El tiempo le hará justicia a Danielle Dax. Y el tiempo mismo la traerá de vuelta. Ojalá y así sea.


Danielle Dax - Evil Honky Stomp

domingo, 24 de enero de 2010

Imprescindible: The The - Dusk (1993)


Alguna vez, alguien me habló de la sincronía entre el entorno musical perfecto para un momento ideal. Era un experimento interesante: Tratar de relacionar imagenes con la acción que se estuviese efectuando en el momento, como buscando una relación perfecta de imagen vs. sonido.

Ok, lo admito, le propuse barrer el patio de la casa a mi novia (era un desastre de hojas y ramas de árbol, objetos destruidos por sus perros y tierra por todas partes) y con la ardua tarea por delante (y un poco arrepentido por mi estúpida caballerosidad) busqué el acompañamiento musical en mi reproductor pórtatil ideal para ese momento.

-Buen momento para intentar el experimento- pensé y me di paso a seleccionar la música ideal, ya con escoba, recogedor, bolsas de basura en mano y una ya casi extinta tarde de domingo.

-Veamos: Nirvana, The Slits, Fiona Apple... mmm, no. Joni Mitchell, The Velvet Underground, Nick Drake, The Beta Band... quizá... no. Que difícil tratar de hacer semejante proeza con el tiempo contado por que pronto va a oscurecer y no he hecho ni puta cosa de limpieza. Al carajo, voy a poner a Lady GaGa o a los Spin Doctors, total, ya lo intentaré en otra ocasión. Entonces, en uno de mis imprevisibles cambios, decidí poner un disco que un amigo me había regalado hace tiempo y nunca había escuchado. Recuerdo que me fue descrito como "viene una rola que me gusta mucho, pero te lo paso, capaz y te gusta" y pues de verdad, en ese entonces, no me despertó ningún interés por escucharlo.

El disco es de un grupo llamado The The, aunque en verdad el grupo es una sola persona: Matt Johnson, el cantante, compositor y mente maestra tras este proyecto; el nombre del album es, irónicamente, Dusk (Anochecer). No estaba preparado para lo que estaba por escuchar.
Desde el primer track, esa demencial y sardónica introducción (al estilo de esos molestos programas de ventas por tv) con "True Happiness This Way Lies", sabes que estas frente a un reto, mas que un simple disco:

"...Porque no he encontrado paz en el pecho de una chica, y no he encontrado paz en la religión del mundo, y no he encontrado paz en el fondo de un vaso. A veces pareciera que pido mas de lo que puedo recibir. La única verdadera libertad, es la libertad de los deseos del corazón. Y la única y verdadera felicidad... esta por aquí."
El ser humano es expuesto como alguien incapaz de vivir sin anhelos, sin desear nada. Como una bestia destinada al sufrimiento por la carencia de la posesión de las cosas que desea y no puede tener, por su propia necedad.

"Love Is Stronger Than Death" cambia en forma, pero no en fondo. Un track de arreglo mas elaborado que el anterior, pero con una fuerte carga emotiva: La tristeza de perder todo lo que amamos frente a la muerte se vuelve una esperanzadora negación, al darse que cuenta que el amor que podemos llegar a sentir por nuestra humanidad real (ese que se vive al día, tan implorante como vital) es aún mas grande que esta. Una maravilla.

El blues de "Dogs Of Lust" y su letra de lujuria descontrolada en la mente, ejemplificada por perros, llega para romper el patrón intimista que parecía llevar el album, un track poderoso e increíblemente pegajoso. "This Is The Night" genera otro punto de rompimiento. Una especie de cuasi-vals donde el ritmo lo determina lo que parece una pianola, y pese a lo que su juguetona meodía pudiese hacer pensar, este es otro tema clave en el concepto del disco: un hombre temeroso de sí mismo y del mundo que le rodea, solitario, solamente desea ser abrazado cuando la noche llega y lo apresan sus mas profundos miedos e inseguridades.
"...Así que no me pregunten de guerra, religión o dios, amor, sexo o muerte, porque si bien todos saben lo que está mal en el mundo, yo todavía no sé lo que pasa conmigo mismo..." Dice "Slow Emotion Replay" un blues a la old school efectivísimo, notorio desde su primer verso, es el manifiesto del individuo único ante un mundo totalitario y dominante. Pieza clave, y vamos a la mitad del album, que cada vez parece ponerse más catártico y complejo.
La cachondería llega de la mano de "Helpline Operator" un tema acompasado y sensual, al igual que "Sodium Light Baby". El primero explora la necesidad de ser escuchado y comprendido (tan propia de la mayoría de nosotros), mientras que la segunda habla de la obsesión por el ser que se amó y no más, al sentir su recuerdo en cada lugar donde esté.
-¡Amor, está sonando tu celular!- Me grita mi chica desde la ventana- ¡Deja eso, y ven a contestar!
Interrumpo la labor doméstica y el paladeo musical, me dirijo a contestar a toda prisa. Ha transcurrido ya la media hora desde que comenzé a barrer y está por anochecer, así que vuelvo a lo que hacía (que ya para entonces, la verdad ya lo hacía de manera robótica y desconcentrada, un tanto por el esfuerzo físico y otra parte por la concentración a la música). 3 temas más, sólo 3.
"Lung Shadows" es una belleza en sí. A excepción de un solo verso que integra la canción ("cierro mis ojos y estás junto a mí, puedo sentir tu aliento sobre mi cuerpo. Acércate a mi. Acércate a mi.") susurrado, sensual y sugerente, el resto de la melodía es una pieza enigmática y densa, de influencia muy jazz. Pareciera mas ser un preludio a la siguiente y apabullante "Bluer Than Midnight", esa discreta pieza al piano, "...Sálvame, sálvame de mi mismo..." repite rogando ser escuchado por quien sea que lo acompañe, que lo salve de ese circulo vicioso de placer/culpa en el que vive atormentado por su pasado. Brillante, así nada mas.
El final de este grandioso album llega de manera no menos genial con "Lonely Planet", un track que cierra la crisis existencial tras la aceptación de la vida misma como un un mundo al cual es vital saberse amado. "Si no puedes cambiar al mundo, cambia tú" repite Johnson "el mundo es muy grande y la vida muy corta para estar solo". Una pieza de belleza invaluable y la culminación lógica de una catársis sónica:
Un ser encerrado en su individualidad, llega a cuestionarse sobre los motivos que parecen apartarle de los demás. Busca sentirse sencillamente aceptado, amado, sentirse liberado de su tormentoso pasado y su constante carencia por lo que jamás podrá tener y termina dándose cuenta de el valor de su vida misma pese a la adversidad. Ahora ha dejado de ser un ser solitario y se ha convertido en un ser consciente. Consciente de sí mismo. Consciente de los demás.
Casualmente ha obscurecido ya mientras reproducía el último tema, saco las bolsas llenas de basura a la calle y entro a la casa a alistarme para cenar. Mi novia me mira algo extrañada, como buscando un rastro leve de molestia en mi rostro.
-¿Estás bien?- Me pregunta -Te noto raro...
Le esbozo una sonrisa, y le digo que todo está muy bien. Pero de dos cosas si estoy seguro: Soy un desastre para las labores domésticas, pues no acabé ni siquiera con lo que hacía y dejé peor de lo que estaba. La otra que esa tarde fui capaz de realizar la famosa sincronía sónica, pero a un plano aún mejor de lo que pensaba: logré una comunión de música y atmósfera, y entre estos dos estaba yo mismo, como parte de ese universo tan imaginario como real, tan lejano y tan profundo, tan ajeno, y sin embargo, ahora tan parte mi. El soundtrack de mi vida.