
Para quienes conocíamos el brillante trabajo de esta genial cantautora británica desde sus inicios (mediando desde el grunge imperante a principios de los noventa hasta la mezcla de electronica con punk y blues), este álbum nos ha tomado por sorpresa.
Empecemos por la portada, una vez más a cargo de la fotógrafa polaca Maria Mochnacz (amiga y fiel colaboradora de la parte visual en los trabajos de PJ). Sombría y a la vez cálida, te dá la sensación de que se tratáse de un remanso seguro en una zona de peligro, cómo si esa delicada línea entre la vida y la muerte pareciera desvanecerse. La expresión estóica y la vez tán languida en el rostro de Polly Jean, con un vestido color hueso del estilo victoriano, contribuye a destacar la tenebrosa escena planteada.
Con el álbum sucede exactamente lo mismo. Te puedes ir olvidando por completo de la chica punk de axilas sin rasurar, ólvidate también de la autora de himnos tan misándricos y rabiosos como Man-Size, Rid Of Me o 50ft Queenie y ólvidate también de su chirriante guitarra, que aquí no verás nada de eso por ningún lado. Abre de manera rotunda con The Devil, una frágil y acompasada melodía que versa sobre una obsesión por quién no está a nuestro lado ya, un obscuro sentimiento idealizado en la forma de un demonio que carcome las entrañas de quien se siente solo y abandonado.
Canciones como Dear Darkness (Con Will Oldham en coros), esa obscura crónica de aborto que es When Under Ether, Grow Grow Grow y Silence todas ellas en el mismo "mood" y siguiendo en particular con la línea mélodica dominada por el piano y comprendiendo que, muy a pesar de que (como ella misma reconoce) no es un instrumento que maneje a la perfección, la Harvey logra sacar adelante todos los temas en los cuales lo utiliza. Más sin embargo me muero por hablar de los puntos fuertes del disco (obvio, no desmereciendo en lo absoluto los demás cortes).
¿Qué hay que decir de The Piano que la misma canción no te diga? Con una letra espeluznante y brutalmente gráfica (Golpeala con un martillo/dientes aplastados/retorciendo la roja lengua/mirando dentro del esqueleto... /Oh, dios como te extraño!) y una melodía en la que (irónicamente) el piano no juega el papel principal, sino que se lo cede a la propia PJ, que canta en un crescendo vocal y emocional inaudito sobre una crónica de un brutal asesinato.
Broken Harp, es, a mi gusto, una maravilla. Una discretísima pieza que comienza a capella, para posteriormente darle entrada (ahora sí, de acuerdo al nombre) a una enigmática arpa. Un sombrío y misterioso tema que, siguiendo con la temática entera del disco, habla de un suicidio bastante doloroso (eso si pusieramos a trabajar un poco la empatía por los desafortunados personajes de la canción) y su repercusión en la persona que ama. Espectacular, al igual que To Talk To You una sentida pieza que habla sobre su abuela fallecida y su deseo de escucharla de nuevo. El piano que musicaliza la pieza pareciera ser, de hecho, ejecutado por algún fantasma.
El disco culmina de manera espectacular y desoladora (con su inquietante aullido al final) con The Mountain:
Por la montaña/No siento nada/Por lo que en mi corazón/Todo árbol esta roto/El primer árbol no florecerá/El segundo no crecerá/El tercero ya casi ha muerto/Desde que me traicionaste de esa manera, desde que tú...
Tratar de etiquetar un álbum así es una tarea díficil. No es en efecto facilmente digerible y dudo que pueda contener algún hit comercial, pero hay que darse cuenta de una cosa: PJ Harvey ha arriesgado su camino una vez más, tomando un sendero obscuro y espinoso. Ha renunciado a su papel de resentida y vengativa arpía, para mostrar esa faceta sumisa y desolada de si misma en canciones de cruda confección. La vida es muerte al final y dolor es olvido. Dolorosa es la vida, amargo el amor.

